PODER ADULTO, PRENSA DE OCUPACIÓN E INDEPENDENCIA JUVENIL


      3.3.- ESTADO OCUPANTE Y PRENSA DE OCUPACIÓN:

      A lo largo de estos decenios, los propietarios de las empresas periodísticas han elegido a sus trabajadores, los han seleccionado no sólo por su valía técnica sino también política e ideológica, por su concepción del mundo y por sus creencias religiosas en bastantes casos. Tal vez se hayan admitido algunos trabajadores sin pasar controles estrictos de "fidelidad a la empresa" sólo en aquellos puestos de trabajo que no tienen ninguna relación con la concepción política que defiende su empresa, de modo que pensaran o hiciesen cualquier cosa ello no repercutiría en el producto lanzado al mercado. Además, esas industrias tienen rigurosos filtros internos que vigilan la "calidad" del producto del modo que resulta muy difícil para un trabajador o grupo de trabajadores colar un determinado producto o mensaje que contradiga radicalmente la línea y opción política del medio de prensa. Por si fuera poco, antes incluso de ser contratado en tal o cual empresa, el proceso entero de formación del periodista, desde su inicial alienación juvenil hasta su naturaleza de trabajador asalariado que depende para vivir de un sueldo cobrado después de ser un dócil sumiso y eficiente trabajador, está dentro de la trituradora capitalista destinada a pulverizar cualquier atisbo de dignidad e imponer la obediencia acrítica y/o egoísta e individualista. Basta ver el orden educativo, con sus fases escolares, universitarias y posteriores, para comprenderlo.

      También ocurre que muchos periodistas, por no decir la mayoría, provienen de segmentos de clase trabajadora que subjetivamente han intentado desclasarse -aunque objetivamente sean asalariados y por tanto "esclavos modernos"- con el tópico de ser "clases medias", etc. Es cierto que hay periodistas de la pequeña y mediana burguesía, pero también de esos segmentos trabajadores, de modo que, globalmente, su ideología es mayormente interclasista con claros deseos de "ascenso social" y muy débil o nula conciencia de clase trabajadora. Este factor es más importante de lo que pensamos porque además de engarzar con lo que veremos sobre su ideología nacionalista opresora, también explica buena parte de su comportamiento corporativo, sectario, individualista y conformista. No negamos que existan meritorios y hasta heroicos casos de periodistas revolucionarios e internacionalistas consecuentes, pero son una gota en el océano. En su mayoría oscilan entre la pasividad indiferente y desilusionada, como la de cualquier asalariado que no tiene ninguna ilusión creativa, y la esforzada colaboración incluso extralaboral para aumentar su sueldo, ascender, hacer méritos, etc. Viendo esta realidad interna comprendemos, de un lado, la muy baja calidad de la mayoría de las producciones mediáticas y, de otro, la rapidez con la que se movilizan contra la libertad y la dignidad humana cuando su patronal y su Estado tocan la campana.

      El problema de la baja o nula calidad es irresoluble porque no puede existir capacidad creativa seria y sostenida allí donde manda el valor de cambio y su alienación, como ocurre en la industria mediática, pero este es un asunto que desgraciadamente no podemos analizar aquí en profundidad sino sólo en sus conexiones con la labor y hasta con la militancia nacionalista opresora de la prensa de ocupación nacional y, a otra escala, como veremos, en el trabajo de los medios regionalistas y autonomistas. Ocurre que, por todo lo estudiado, la prensa estatal asume la defensa del nacionalismo opresor de su Estado-cuna. Y la asume no sólo en el sentido oportunista de aumentar sus ventas en esa nación ocupada al lograr su desnacionalización o al menos al suprimir la competencia de la prensa autóctona, destruida o mermada al descender el sentimiento nacional autóctono y democrático, ni tampoco sólo por temor al enfado del Estado ocupante al no cumplir las órdenes con los riesgos de ver reducirse las ayudas cuantiosas que de él recibe, sino también porque quiere conscientemente defender su profundo nacionalismo opresor, reactivado cuando ve en peligro su "unidad nacional".

      Esta última razón no proviene sólo de los sentimientos de pertenencia a un colectivo humano, sino también del ideario político concreto de la empresa mediática y, sobre todo, de sus intereses político-económicos como medio de prensa que defiende una determinada línea dentro de las discrepancias secundarias y superficiales que hay en su Estado. Tales intereses materiales provienen de que ese medio de prensa tiene un mercado político-informativo más o menos acorde con su orientación propia, y la victoria electoral del partido que obtiene esos votos electorales hace que las ganancias aumenten para todos, también para esa industria. Los ejemplos son tan manifiestos que se entienden sólo con comparar las relaciones del Grupo Prisa con el PSOE y las de los grupos ABC y El Mundo con el PP. ¿Y qué decir del grupo El Correo? ¿Qué decir que no se sepa ya de la prensa en Ipar Euskal Herria? Si además sumamos los medios audiovisuales y la centralización y concentración empresarial y financiera, vemos la amplitud de los intereses político-ecómicos en juego a la hora de movilizarse en la victoria de tal o cual partido accediendo al gobierno del Estado. Pues bien, estos grupos empresariales forman alianzas político-económicas con los partidos en beneficio mutuo y único, y manipulan todo lo relacionado con Euskal Herria tanto para su beneficio particular como para el mantenimiento de la "unidad nacional" en sí misma.

      Comprendemos así mejor la intrincada mezcla de egoísmos e intereses particulares de cada opción político-mediática y las disputas superficiales entre ellas, con su esencial identidad nacionalista opresora. La militancia españolista y francesa del periodismo de ocupación surge, en primer lugar, de esa identidad esencial nacionalista española y francesa y, en segundo lugar, de sus intereses particulares en cuanto opciones políticas dentro de los Estados opresores. Ahora bien, en la práctica diaria, cuando hay que fabricar los productos y llenarlos de mentiras, medias verdades y manipulaciones, entonces ese orden cambia según los casos y los momentos. La industria político-mediática exige una flexibilidad suficiente como para saber responder a los cambios, pero sobre todo intentar adelantarse a ellos condicionándolos en beneficio propio, así como crear nuevos mercados de expansión en los que multiplicar los beneficios. Teniendo en cuenta esto, podemos intentar sintetizar con cierto orden las características de la prensa de ocupación.

      Primero, la prensa de ocupación impone el nacionalismo del Estado ocupante. Lo hace, además de muy conscientemente, también de forma automática e inconsciente, porque esa industria funciona y trabaja con el sistema de valores creados por su Estado-cuna a lo largo de su existencia. Desde las cifras, estadísticas y listados de datos e informaciones sobre cualquier problema, hasta los usos, modismos y giros comunicacionales empleados, este torrente de conocimientos en absoluto neutrales sino muy parciales e interesados, está en función de la continuidad del Estado-cuna y han sido elaborados, seleccionados y conservados en el interior mismo del proceso de construcción histórica del Estado, en simbiosis con él. La prensa de ocupación, además, es extremadamente reacia a utilizar siquiera puntualmente otros sistemas cognitivos e interpretativos de la compleja realidad que sean mínimamente críticos con su nacionalismo opresor. Las agencias de información, los contactos internacionales, la selección de trabajadores y sobre todo de comentaristas políticos; la forma de hacer y presentar el producto llamado "noticia" sea en forma de diario impreso, radio, televisión o semanario de cualquier tema, toda esta larga secuencia de elecciones y opciones ni es casual, ni se produce desinteresada y neutralmente, sino que, además de tener una larga historia precedente que condiciona el futuro, también es diariamente sometida a prueba interna y externa, sometida al examen aprobatorio de instancias políticas y al examen del mercado de la manipulación.

      Segundo, la prensa de ocupación impone el complejo lingüístico-cultural del Estado ocupante. Lo hace, además de como resultado objetivo e inevitable del punto anterior, por su propia inercia, también como tarea conscientemente asumida en la producción diaria de la industria político-mediática. Se trata de que esa prensa no sólo tiene el mercado en la nación ocupada sino también en otras partes del Estado-cuna e incluso fuera del continente europeo, en Latinoamérica. Debe así producir cosas que sean adaptables o directamente mercantilizables en lugares tan diferentes en casi todo menos en dos cosas, en la lengua y en la ideología burguesa dominante. Se trata de un "deber" muy gratamente cumplido porque su realización aumenta el poder político-económico del Estado-cuna y de su cultura opresora. Es decir, es un "deber" necesario para aumentar el beneficio obtenido de la explotación lingüístico-cultural de esos pueblos. No se trata de una tarea desagradable o a lo sumo monótona e indiferente, sino de una militancia nacionalista opresora que rinde beneficios simbólico-materiales muy jugosos. Y además, en Euskal Herria ese placer se multiplica al ayudar a aplastar a los "bárbaros del norte", incultos, brutos y atrasados según los califica el racismo español. O sea, es una tarea "civilizadora".

      Tercero, la prensa de ocupación sofoca y ahoga los esfuerzos de construcción nacional del pueblo ocupado. Hemos visto que impone el nacionalismo y su complejo lingüístico-cultural, pero también anula y destruye la posibilidad de que el pueblo ocupado genere su propio conocimiento, elabore sus sistemas de investigación independiente. El método de asfixia es muy sencillo pero efectivo: silenciar y boicotear todo esfuerzo colectivo e individual que permite a la nación ocupada conocer su historia y su presente sin tener que recurrir al pensamiento del ocupante, a su versión de la historia, a sus datos sobre el presente, a sus ministerios y universidades. Como en la sociedad capitalista sucede que lo que no sale en la prensa no existe para la masa alienada y sometida a la ignorancia, pues esa gente desconoce todos los esfuerzos que se realizan. Sobre esa ignorancia alienada se vierte a la vez una densa pero multiforme manipulación que refuerza la creencia de que no hay alternativa posible. Hay que tener en cuenta que en esta tarea los medios de propaganda cuentan con el apoyo de otros instrumentos del Estado, y con el colaboracionismo directo e indirecto de regionalistas y autonomistas, problema que veremos luego.

      Cuarto, la prensa de ocupación moviliza y dirige con consignas a las bases reaccionarias que tiene el poder estatal en Euskal Herria. Lo anteriormente visto perdería mucha de su eficacia si no estuviera acompañado por el objetivo de "sacar los españoles a la calle", es decir, por "meter miedo a los vascos" en su misma vida pública callejera y cotidiana. Cualquier especialista en comunicación social sabe que es en la rica red convivencial en donde se cuece y trasmite el grueso de los sistemas interpretativos de la realidad, y sabe que la mejor forma de alienar a la gente a aislándola e incomunicándola para que pierda esos vitales lazos de socialización crítica. Una característica de las sucesivas estrategias represivas antivascas es la de aumentar los ataques a las prácticas populares, societarias y convivenciales de tanta práctica en Euskal Herria. La industria político-mediática de ocupación tiene aquí una especial tarea porque todo lo relacionado con nuestra lengua nacional, nuestra cultura y nuestra identidad histórica es básico en nuestra cotidianeidad popular y convivencial, festiva, reivindicativa, deportiva... Uno de los esfuerzos represivos más sistemáticos es el de crear algo parecido a "zonas nacionales españolas" en las que desaparezcan todas las referencias a la existencia objetiva y subjetiva de la nación vasca, y desde ese "territorio reconquistado" extenderse a otros. Naturalmente, entendemos aquí por "territorio" tanto el aspecto espacial y material, como el simbólico e identitario.

      Quinto y último, la prensa de ocupación prepara, exige y justifica la represión con todas sus formas posible de aplicación a quienes se enfrentan a la nueva invasión. El proceso que sigue es también muy simple y está facilitado por la efectividad de los puntos anteriores y comienza con la propagación de rumores, medias verdades manipuladas y mentiras creíbles sobre determinados movimientos populares, grupos militantes, entidades de todo tipo, etc.; después, y tras las evaluaciones de los resultados de la fase anterior, se pasa a señalar con más detalle a algunos de esos grupos e incluso a sus miembros, dando así imagen concreta del sujeto abstracto anterior; después se aumentan los rumores y falsedades sobre esas personas y grupos ya especificados, criminalizándolos, presentando supuestas víctimas de sus atrocidades y relacionándolos con todos los males imaginarios; el siguiente paso consiste en sugerir o en pedir que las fuerzas de ocupación detengan a esa gente; por último, una vez detenid@s, se jalea y aplaude la represión y se silencian sus métodos brutales así como la conculcación de todos sus derechos y los de sus familiares y amigos. No hace falta decir que esta secuencia puede acortarse o alargarse según los casos, pero en todos ellos es vital la injerencia de la industria político-mediática ocupante, y la pasividad o apoyo público de los regionalistas y autonomistas .

      Las cinco características y otras más no expuestas, se entremezclan y se refuerzan en la vida diaria, de manera que se presenta de formas concretas en cada caso y circunstancias, pero, en realidad, todas ellas mantienen las constantes citadas. Ahora bien, nuestro análisis sería muy pobre, peligrosamente pobre, si no vemos que estas características están a su vez dentro de una estructura político-militar centralizada y controlada férreamente por los Estados opresores. Aunque hemos hecho varias veces referencia a esta estructura, ahora debemos decir algunas palabras sobre ella porque no se comprende nada del funcionamiento diario y de los objetivos e intereses de la industria político-mediática en Euskal Herria sin su triple cara: una, las sucesivas mejoras que los Estados introducen en sus paradigmas, sistemas y estrategias represivas, o incluso sus cambios cualitativos, es decir, cuando dan un salto y aplican otro sistema cualitativamente nuevo; otra, las ayudas, los consejos y las experiencias que aportan desde el exterior otros Estados capitalistas que tienen problemas similares, pero que han desarrollado mejores grupos integrados de represión global, y sobre todo, en este nivel, los cambios y las innovaciones diseñadas por la creación de un sistema represivo europeo que en modo alguno anulará la importancia de los Estados, y por último, los cambios introducidos en la industria mediática en cuanto tal por las transformaciones que está viviendo el modo de producción capitalista.

      En la actualidad, Euskal Herria se enfrenta, por un lado, a un cambio cualitativo en el sistema represivo que padece en Hegoalde, pues el gobierno del PP ha abandonado el sistema anterior del PSOE que giraba alrededor de la doctrina contrainsurgente de guerra de baja intensidad, que el mismo PSOE comenzó a superar al constatar su estrepitoso fracaso, y ha introducido un paradigma, estrategia y sistema represivo que ya no conjuga diversos niveles de acción y de convencimiento social con la intención de aparentar un respeto a la "democracia institucional", sino que su burda y tosca brutalidad no se detienen ante ninguna consideración de alianzas y con regionalistas y autonomistas, y menos aún ante ninguna consideración a lo más básico de la identidad vasca como su lengua, cultura e historia; es decir, este nuevo sistema ataca directa, frontal y descaradamente a la totalidad de lo vasco, abandonando las matizaciones y tácticas sutiles recomendadas por la doctrina de guerra de baja intensidad. Estos cambios se han reflejado inmediatamente en el comportamiento de la industria político-mediática de ocupación que, a su vez, los ha aplaudido entusiásticamente.

      Por otro lado, el proceso de creación de un "espacio policial europeo", inherente a la misma filosofía burguesa y antidemocrática de la UE, está demostrando que también se dedicará a reprimir dentro de las fronteras de la UE las resistencias de l@s oprimid@s, especialmente las que cuestiones los pilares de la UE bien porque ataquen su método antidemocrático de imposición de una nueva hegemonía en el capitalismo europeo, bien porque ataquen a sus Estados, o por ambas cosas a la vez. Fue un proceso que comenzó con la excusa de la lucha contra las mafias, después para el control de la inmigración y, por ahora, para defender la llamada "democracia europea". No entra en este texto en análisis de las relaciones de la OTAN con este proceso policial y con la creación de un euroejército, pero sí hay que decir que, como lo demuestran todos los ejemplos desde las crisis en Caucasia, centroeuropa y la agresión a Irak a comienzos de los noventa, como después las crisis que han acompañado la descomposición de Yugoslavia durante buena parte de la década de los noventa, y muchos otros casos, todo confirma que la centralización político-militar y policial inherente a la UE tiene efectos muy precisos sobre la industria mediática continental, aunque, e insistimos en ello, tales cambios no anulan ni disminuyen la importancia de los Estados. Un ejemplo a analizar es el de las diferencias de comportamiento de la prensa británica e irlandesa en el proceso abierto en la parte que sigue bajo ocupación británica y la militancia antivasca de la prensa de ocupación en Euskal Herria. .

      Por último, simultáneamente a estos cambios forzados por el interés represivo político-militar actúan cambios propios a la industria mediática en general, al margen del Estado en el que trabaje, y que es sometida a presiones estructurales, financieras, económicas, tecnológicas, etc., que abarcan a todo el planeta aunque con diferentes intensidades. Las empresas mediáticas están sometidas a presiones crecientes que les obligan a depender cada vez más del capital financiero y de las ayudas estatales e institucionales, pero también a los ataques feroces de otras empresas mucho más poderosas, poniendo en peligro su continuidad. Semejante tira y afloja entre dos fuerzas opuestas -la ley de concentración y centralización de capitales, y la necesidad de pedir auxilio y apoyo al Estado-cuna-, además de ser una característica del capitalismo en cuanto tal, también hace que muchas industrias mediáticas refuercen la fidelidad a su Estado-cuna, y también multipliquen sus esfuerzos competitivos en el mercado mundial para lo que han de incrementar el contenido manipulador y alienante de sus mercancías. De este modo, se refuerzan inevitablemente los lazos con el poder capitalista en general y con sus Estados particulares. Lógicamente, los más afectados por estas transformaciones somos los pueblos que carecemos de Estado propio y que además sufrimos la intervención de una prensa de ocupación.

      3.4.- PODER ADULTO OCUPANTE Y PRENSA REGIONALISTA:

      La industria político-mediática de ocupación es una fuerza demasiado importante y cara como pare dejarla en manos de cualquiera. Es una industria estratégica que, por tanto, no puede ser cedida ni siquiera a los fieles regionalistas de la nación ocupada que deben contentarse con medios limitados. Tampoco hace falta decir que esa industria está bajo total y absoluto control del poder adulto del Estado opresor, aunque buena parte de sus mercancías vayan destinadas al creciente "mercado juvenil". Pero los objetivos del poder adulto propietario de la prensa de ocupación no son sólo los de vender más a la juventud de la nación ocupada, sino también los de alienarla y desnacionalizarla. Tenemos que precisar ahora brevemente las diferencias que existen entre la alienación que sufre la juventud que no sufre opresión nacional y la que sí la sufre, porque es una diferencia fundamental para comprender el papel de la prensa de ocupación en manos del poder adulto en la represión de la juventud independentista.

      La alienación de la juventud de la nación opresora es fundamentalmente social y clasista, además de patriarcal, con sus contenidos psíquicos, religiosos, etc., que no podemos exponer ahora. Es decir, la juventud de la nación opresora está alienada en cuanto que pertenece muy mayoritariamente a las clases trabajadoras -las que viven del salario y son "esclavas modernas"- y en cuanto que, si son varones, se les ha introducido el virus letal del patriarcalismo machista y sexista, y si son hembras, el de la "esencia femenina" con sus "virtudes de pasividad, obediencia y dulzura"; pero esta juventud no padece los ataques desnacionalizadores con los terribles efectos de despersonalización y exterminio de la identidad colectiva e individual que sufre la juventud oprimida nacionalmente por el simple hecho de que su nación no está ocupada por un Estado extranjero. Y aunque en toda nación existen dos modelos de identidad y proyecto nacional opuestos -el de la burguesía explotadora y el de las clases trabajadoras explotadas-, sin tocar ahora el decisivo problema de la opresión patriarcal anterior a la existencia de lucha de clases entre burguesía y proletariado, y aunque domine por factores que no podemos exponer pero son fáciles imaginar el modelo nacional burgués, pese a ello esa juventud no sufre desde que nace un sistemático ataque desnacionalizador, es decir, que busca su exterminio como juventud autoconsciente. En estas condiciones y sin referentes propios que le guíen, esa juventud refuerza su dependencia para con el poder adulto, es decir, su alienación, para volver al núcleo de la definición básica anteriormente dada.

      La alienación que sufre la juventud oprimida nacionalmente consiste en que se le ha destrozado toda consciencia de que está siendo literalmente machacada su propia identidad histórica y raíz existencial anterior a la división en clases e incluso, como sucede en Euskal Herria, anterior a la explotación patriarcal indoeuropea. Es la alienación del absoluto e infinito no-ser y no-existir porque han sido arrancadas de cuajo las raíces de la existencia, sin ser conscientes de ello; mientras que la alienación de la juventud no oprimida nacionalmente es la del "esclavo feliz" que tiene el consumismo, el machismo sexista y el fútbol patriotero y fascista para consolarse como "buen español" o como "buen francés". La destrucción de sus raíces existenciales lanza a la juventud desnacionalizada al vacío total y en esa ausencia de referentes puede terminar cayendo en la obediencia al poder adulto regionalista, o peor aún, al poder adulto ocupante. Entonces, esa juventud se convierte en traidora a sí misma, en su propia policía. Son como la guardia mora del fascista Franco, al que tenían que defender con su vida aunque ese criminal había destrozado a sus compatriotas, familiares y amigos. Es por tanto una diferencia cualitativa que determina que la alienación nacional en los pueblos con una existencia histórica muy antigua y desde luego muy anterior a la de los Estados que los oprimen sea la síntesis de todas las alienaciones posteriores. Una de las razones que explican que las estrechas conexiones entre proceso de liberación nacional y procesos revolucionarios es precisamente esta, que la juventud al desalienarse y emanciparse nacionalmente tiende a superar las restantes alienaciones. Y esta es precisamente una de las razones por las que el poder adulto ocupante emplea con tanta virulencia su industria político-mediática.

      También existen "esclavos felices" en la juventud oprimida nacionalmente por razones obvias, pero la diferencia cualitativa radica en que en esta juventud existe y se expande una capacidad autoorganizativa para pensar y actuar con independencia propia, impulsada por la reacción global contra el exterminio identitario, mientras que en la otra, al no existir esa radical exigencia, son mayores las tendencias a la inercia, y sólo cuando se agudizan las contradicciones sociales antagónicas la juventud reinicia su lucha emancipatoria. Por tanto, siendo el poder adulto ocupante sabedor de la importancia de la alienación nacional redobla sus esfuerzos sobre ella. La industria político-mediática recibe órdenes y objetivos precisos que van más allá de los que recibe y realiza en donde no existe opresión nacional y por tanto no hay que fortalecer su alienación correspondiente. Se explica así que la prensa de ocupación sea más directamente política y represora en Euskal Herria que en otras partes, y que presiones para que desde la educación infantil en las ikastolas hasta la enseñanza de la historia vasca, pasando por los programas educativos, etc., todo ese proceso sea sometido a la dictadura de la desnacionalización implacable. Se explica así que la prensa de ocupación dedique esfuerzos ímprobos a la criminalización de la juventud desalienada y en especial a la que ha dado el paso liberador a la militancia abertzale juvenil. Podríamos seguir con una larga lista pero debemos sintetizar en cuatro "mensajes" -órdenes y mandatos autoritarios disfrazados de tolerancia- especialmente importantes para los Estados ocupantes:

      Uno, el silenciamiento en su prensa de los enormes y victoriosos esfuerzos que ha dedicado la juventud a la lucha contra la droga introducida por el Estado como arma de guerra biológica. No podemos repasar aquí las sucesivas ofensivas estatales en este frente de lucha inseparable de los sistemas represivos del poder, pero sí tenemos que ser conscientes de que la prensa de ocupación no es neutral en modo alguno. De un lado, sus prolongados y escandalosos silencios sobre las probadas responsabilidades e intervenciones del Estado en el reparto de la droga, saliendo incluso en defensa de su "honor"; de otro lado, negarse en todo momento a cualquier análisis crítico de la diferencia cualitativa entre el uso de la droga como "economía criminal" y su uso como arma biológica de exterminio de una juventud revolucionaria independentista, como sistema de sacar información, chantajear a confidentes y pagar a txibatos; además, la existencia de dos modelos opuesto en la interpretación: uno, la frivolización superficial y reaccionaria de la "rebeldía juvenil" descontextualizada de las reivindicaciones y luchas, y, otro, la exigencia de represión de la juventud abertzale y de vigilancia y control de los movimientos populares que luchan contra la droga desde posturas progresistas, democráticas y justa, y por último, el mantenimiento del silencio y del boicot en la nueva ofensiva de drogas de diversos diseños, no sumándose a las luchas que ya han surgido y ayudando a que se mantenga el oscurantismo, el sensacionalismo manipulador y la facilidad de venta.

      Dos, el cargar con un mensaje alternativo y de progresismo pseudodemocrático la bazofia alienadora y mercantil que la prensa vomita y escupe a diario de modo que frente a la "violencia de la juventud abertzale" cualquier consumismo obediente y obseso es ya en sí mismo un "acto progresista". Este punto es especialmente importante porque los intentos de manipular y movilizar contra los derechos nacionales vascos a sectores alienados de la juventud, se basan no sólo en el españolismo hoscamente antidemocrático del PP y del OPUS DEI, sino también en la demagogia que identifica la forma de vida consumista y obediente con la "democracia constitucional", con los egoísmos individualistas -que no con los derechos colectivos e individuales--y con el caramelito de un trabajo fijo y una vida acomodada. Este mensaje se refuerza además con la imagen de la Unión Europea y con ONGs. Basta ojear los repelentes "suplementos juveniles" de la prensa, sus revistas y culebrones, sus programas de música, la imagen terrorista del cuerpo físico hipersexualizado según los dictados machistas, su insistencia en que lo fundamental en la edad juvenil es estudiar, hacer deporte y no meterse en líos, etc., para comprobarlo. De este modo se pretende imponer a la juventud vasca una alienación desnacionalizadora con dos vertientes secundarias y no contradictorias como son, una, el duro y crudo nacionalismo opresor francés y español, y otra, blando y cocinado nacionalismo opresor relleno de palabrería sobre la tolerancia y la "movilización democrática" contra la juventud desalienada.

      Tres, a la vez que se lanzan esos mensajes se impide que la juventud vasca conozca su verdadera situación general. Por su importancia, nos hemos referido varias veces a este tema decisivo, pero ahora nos interesa ver cómo la prensa de ocupación dedica sus enormes recursos a dar una imagen sesgada y manipulada de la situación juvenil pero, fundamentalmente, ocultando y tergiversando lo que le conviene para evitar que se conozca críticamente la realidad. Tenemos que recordar aquí lo explicado antes de que en general no existe diálogo alguno entre el poder adulto y la juventud, limitando sobremanera el que ésta pueda conocer su situación real; pues bien, en una nación oprimida el poder adulto ocupante no sólo se niega a todo diálogo sino que además justifica descaradamente el que se tomen las medidas necesarias para impedir cualquier posibilidad de conocimiento crítico juvenil. Recordemos sobre este tema cómo el poder adulto impulsó y apoyó las expulsiones de alcaldes y concejales abertzales de los ayuntamientos, también que no se reconozca ningún derecho a los movimientos populares y juveniles, igualmente que se restrinjan las fiestas populares en las que la juventud obtiene fondos para su autoorganización independiente y un largo etc.

      Cuatro, la prensa de ocupación, además de todo lo dicho arriba, presiona para que la juventud renuncie a toda esperanza de conocer su situación por ella misma y con la ayuda de quien ella misma decida. El poder adulto siempre ha vigilado y controlado quienes "educan" a la juventud, y ha reprimido en un momento determinado las experiencias prácticas de una pedagogía crítica y liberadora. En una nación oprimida este control es obsesivo y vital, y basta ver la miseria de universidades coloniales en Euskal Herria para comprobarlo. La prensa del poder adulto interviene en este asunto, primero, presionando a los padres y conocidos, a los profesores y autoridades universitarias; segundo, arremetiendo contra los adultos que ayudan al esfuerzo de desintoxicación intelectual de la juventud, intentando reducir su número y criminalizando a los que no se doblegan y, tercero, clamando contra toda emancipación cultural e intelectual de la juventud vasca y exigiendo medidas represivas cuando ha sido la juventud abertzale la que lo ha hecho. En estas condiciones, la independización cultural e intelectual --siempre práctica-- de la juventud vasca es irreversiblemente ya uno de los caballos de batalla decisivos entre el poder adulto ocupante, con su poderosa industria político-mediática de alienación, y Euskal Herria.

      Sin embargo, el poder adulto ocupante necesita de su aliado el poder adulto autóctono, que también existe y que no puede ser identificado ni remotamente con las decenas de miles de madres y padres vas@s, y sus familias, que con sus limitaciones pero también con sus aciertos han ayudado determinantemente a que la juventud no perdiera la memoria nacional, clasista y progresista. Una de las ayudas que el poder adulto ocupante pidió al poder adulto autóctono fue la de que éste multiplicara la presión sobre es@s madres y padres para que ell@s mismos hicieran de policías domésticos. Nunca debemos olvidar los fieles esfuerzos del PNV en Vascongadas, de UPN en Nafarroa y de otras fuerzas en Ipar Euskal Herria, encaminados hacia el objetivo de romper desde dentro mismo del núcleo familiar los lazos profundos de la juventud vasca con su pasado e identidad histórica. Un ejemplo espeluznantemente cruel de semejante comportamiento es el de las presiones, promesas y chantajes realizados a familiares de prisioner@s -much@s de ell@s jóvenes- para que logren su arrepentimiento.

      El poder adulto autóctono tiene muchos menos recursos de alienación que el ocupante pero ello no le exime de ninguna responsabilidad porque, primero, si no tiene más medios es por vagancia, egoísmo o temor a enfrentarse a Madrid y París; segundo, los que tiene no los emplea en absoluto para ayudar en la desalienación de la juventud sino que, en muchas cuestiones, crea ella misma programas especiales y más dañinos si cabe por cuanto tienen más legitimidad nacional o al menos regionalista que los ocupantes, y, tercero, con los medios de que dispone algunas veces se limita a barnizar con alguna grafía vasca las presentaciones de programas verdaderamente cutres, bodrios típicos de la peor telebasura norteamericana, o peor aún, como es el caso de EITB en castellano, ella produce engendros reaccionarios, machistas y mercantilizados. Incluso cuando en EITB en euskara realiza algún programa propio, se las apaña para reducir en lo posible cualquier aparición en pantalla de algún pequeño reflejo de la convulsa situación objetiva vasca, presentando una imagen descontextualizada y metafísica, que sólo se diferencia de los demás culebrones por la lengua, nada más. Significativamente, la única prensa que siempre aparece en pantalla es la prensa española. Sólo en muy contados casos subvenciona producciones propias, pero siempre dentro de los dictados impuestos por la industria mediática globalizada, lo que limita esencialmente su creatividad radical. ¿Y qué decir de la presencia del euskara no sólo en la EITB sino en la totalidad de los medios regionalistas que hay en Euskal Herria?

      La ideología burguesa del poder adulto regionalista proviene de su naturaleza de clase, que no a la inversa. Y esa naturaleza clasista es la que le permite ser indiferente a la baja calidad de las pocas iniciativas intelectuales que patrocina pues inteligencia creativa y mentalidad burguesa hace ya casi dos siglos que se odian mortalmente. Encima, para rematarlo, esa naturaleza de clase es la que les aconseja y les justifica su fidelidad a París y Madrid, con lo que ya su de por sí baja calidad intelectual se precipita aún más en el insondable fondo de la nulidad al obedecer las directrices ocupantes. Otra vez más, las universidades coloniales, allí donde las hay, nos dan un ejemplo de esa pobreza dependiente. ¿De donde proviene entonces la incuestionable creatividad cultural vasca? Pues de la coherencia personal y de la capacidad de praxis radical logradas por muchas personas autoorganizadas al margen de las instituciones y muchas veces contra ellas. Y la juventud independentista ha de recoger, criticar y superar creativamente esos logros, o nuestra nación desaparecerá.


      4.- QUINCE PROPUESTAS PRÁCTICAS

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